En este frenético ritmo de vida que llevamos, cómo no vamos a estarlo, queremos y hacemos miles de cosas y muchas de ellas a la vez: los niños, la casa, el trabajo, la agenda social… y sólo tenemos dos manos y una cabeza. Nuestro cuerpo en un determinado punto empieza a hacer aguas y ni nos damos cuenta. Podemos sentir: hormigueos por la cara, por los brazos, sensación de tener un casco que te aprieta en la cabeza, dolores punzantes en el pecho, burxismo, cansancio y en ocasiones, ganas de llorar. Además nos ponemos más irritables… lo que dificulta nuestra vida familiar.
Hoy me preguntaba un paciente que por qué cuando estamos estresados todo se guarda en el pecho. Siempre se ha relacionado al corazón con las emociones, pero además, hay todo un diafragma cérvico torácico que engancha fascias, ligamentos y músculos relacionados con la respiración al saco pericárdico que está precisamente en el centro del pecho donde muchas veces notamos una opresión, un nudo o como un puñal que se nos clava. Cuando estamos estresados nuestro sistema nervioso simpático se pone a la defensiva, se prepara para luchar o para huir y apretamos los dientes y respiramos más deprisa aún sin darnos cuenta, lo que provoca que toda la musculatura del cuello se contracture y además tengamos cervcalgias ¡por si no tenámos bastante!
Con osteopatía especialmente con técncias tisulares, se puede liberar todo este conjunto fascial y muscular liberando a la persona de su carga emocional y dándole la oportunidad para que pueda reajustar su sistema y abordar mejor ese estrés que la está oprimiendo. 

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